- Sábado 14 de marzo de 2020: llego a París a las 2:00 p.m., aeropuerto Charles de Gaulle.

- Domingo 15 de marzo: hacia el mediodía, visito la tumba de Jim Morrison, en el cementerio Pere

Lachaise. Pero, el cementerio tenía fiebre, París tenía fiebre, las fronteras tenían fiebre, el mundo tenía

fiebre. ¿Escuchan los cuervos? ¿Los escuchan? Yo los oigo todavía.

- Lunes 16 de marzo: París se confina, no puedo regresar.

- Martes 17 de marzo: estoy solo, confinado, en un pequeño departamento en la rue Saint-Maur, escribo 131 veces la palabra Coronavirus en mi cuaderno.

- Miércoles 18 de marzo: es de noche y veo por primera vez las estrellas en el cielo de París.

- Jueves 19 de marzo: Insomnio, no habito el tiempo de París, tampoco el de Santiago. Coloqué autorretratos por la habitación, no es mi hogar, no es mi refugio. El tiempo está detenido, muy oculto, profundo, afuera, no puedo encontrar-lo.

- Sábado 21 de marzo: desde mi balcón veo la cima de una Catedral, pienso en el Hombre Elefante

de David Lynch. Al igual que Merrick sólo veo su cúspide, pero no sus cimientos, los debo imaginar. Es blanca, parece de papel, dibujada- la construyo, me construye, me disuelve con su distancia. Construyo una ciudad en mi espíritu.

- Lunes 23 de marzo: Tengo miedo y me duele. Sigo encerrado en París como resultado de la pandemia, imaginando cómo será la ciudad de la luz, aunque estoy en ella. Habito sobre postales imaginarias.

- Miércoles 25 de marzo: debo regresar a Chile en el último vuelo desde París.

No estuve en París, pero tampoco regresé.

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